¿Líder o mesías? – Con el Capitán Flint

Es importante saber si te comportas como un líder o un mesías; pero más importante aún es saber si estás siguiendo a uno o al otro.

Black Sails es una de mis series favoritas de la historia de la televisión. Se emitió en el canal Starz entre enero de 2014 y abril de 2017; en España pudimos verla a través de TNT, primero, y después en Netflix, donde podéis encontrar las cuatro temporadas de que consta esta serie. En ella se narran las aventuras de varios grupos de piratas en Las Antillas de principios del siglo XVIII mezclando de manera magistral a algunos de los personajes de La isla del tesoro, de Stevenson, con la vida de piratas de cuya existencia tenemos conocimiento a través de diversos documentos y libros de la época (mi favorito es Historia general de los piratas, de Daniel Defoe, publicada en dos partes, la primera en 1724). Los acontecimientos a los que asistimos en Black Sails ocurren 20 años antes de los que se cuentan en La isla del tesoro.

A lo largo de los 38 capítulos de los que consta la serie veremos a un puñado de piratas divididos en diferentes tripulaciones, todas establecidas en la isla de New Providence, que se dedican a saquear barcos, sobre todo españoles e ingleses. De entre todos los capitanes piratas y sus tripulaciones, nuestro protagonista es el Capitán Flint, un pirata diferente y lleno de secretos que es quien hace avanzar la acción movido por lo que parece un sentimiento de profunda rabia. Todo lo que los piratas roban pasa por las manos de Richard Guthrie, el gobernador de la isla, y su hija Eleanor, quienes, gracias a sus conexiones, consiguen comerciar con esas mercancías para que sean enviadas en barcos y nuevamente vendidas, esta vez de manera legal, en diferentes partes del continente americano. Es decir, los piratas roban y venden una mercancía que volverá a ser introducida en el mercado “legal” después de que tanto ellos como los Guthrie hayan ganado su parte. Debido a estas circunstancias, que se vienen repitiendo durante años en el momento de la historia, el “mundo civilizado” ha decidido de una vez por todas declarar la guerra de manera total a los piratas para hacerlos desaparecer de la faz del planeta. Ante esta tesitura, el enfoque de cada uno de los capitanes que se nos presentan será muy diferente: el capitán Charles Vane, por ejemplo, es el antagonista absoluto del Capitán Flint y opta por seguir con la piratería como venían haciendo hasta ese momento, lo que implica enfrentarse a quien haga falta cuando sea necesario; Flint, por su parte, tiene un plan mucho más ambicioso que pasa por robar el oro de un galeón español, el Urca de Lima, y gracias a este botín lograr que todos los que así lo deseen puedan establecerse en la isla de New Providence sin depender de la piratería ni del Imperio Británico, bajo cuyo mando e influencia la isla se encontraba en ese momento, aunque todavía no como colonia de manera estricta. Y entre estas dos posturas tan enfrentadas encontramos tantas maneras de encarar la situación como capitanes piratas aparecen en nuestra pantalla, además de otros personajes como los ya mencionados Guthrie.

En este post vamos a hablar de liderazgo, de cuáles son los dos aspectos estratégicos fundamentales que todo líder debe cumplir y de cuáles son los pilares imprescindibles de cada uno de estos aspectos. Analizaremos dónde falla Flint, por qué y las consecuencias que estos errores tendrán en la consecución de sus objetivos.

El primer aspecto estratégico fundamental que observaremos en cualquier líder es la visión: un líder empezará teniendo una visión clarísima de aquello que quiere conseguir. Es más que probable que esta visión no sólo no sea compartida por su entorno más cercano, sino que lleguen a tacharla de demasiado idealista o incluso de irrealizable; pero eso para el líder carece de importancia, porque si tiene esa visión tan clara y es capaz de describirla hasta el más mínimo detalle es porque, por un lado, es totalmente consciente de los recursos necesarios para alcanzarla y, además, tiene un plan, detallado en mayor o menor medida, sobre cómo alcanzar su meta. Es decir, un líder tendrá una visión de lo que quiere conseguir, será consciente de las herramientas necesarias para conseguirlo y tendrá un plan que le ayude a llegar hasta allí. En el caso que nos ocupa el capitán Flint tiene una visión clarísima de lo que quiere conseguir: un escenario en el que todos los piratas que así lo decidan puedan abandonar sus actividades delictivas para instalarse en New Providence y ganarse la vida de manera legal. Para lograr ese objetivo, Flint sabe que necesitará echar mano de recursos excepcionalmente valiosos. Por eso es clave que consigan atrapar el botín del Urca de Lima, ya que un trofeo de esta magnitud, por un lado, les proporcionará los fondos necesarios para defender la isla con barcos y cañones de quien, indefectiblemente quiera conquistarla, ya sean ingleses o españoles; y, por otro lado, les otorgará la fuerza suficiente para negociar y conseguir del Imperio Británico un indulto general a la piratería, así como títulos de propiedad de las tierras que sean concedidos a todos aquellos con intención firme de abandonar sus actividades de pillaje y saqueo para establecerse en New Providence como ciudadanos libres y sin deudas con el Imperio. Flint se basa en que la mayoría de ellos no han elegido la piratería, sino que la piratería les ha elegido a ellos por ser su única opción de supervivencia, y por tanto ansían dejar atrás el mar, que para ellos significa guerra, muerte, sangre y destrucción; anhelan abandonar de una vez por todas las persecuciones, unas veces como presa y otras como depredador, los robos, los cañonazos y el peligro constante. Encontrar la paz, porque para Flint es cristalino que, como piratas, no podrán luchar contra grandes imperios durante mucho más tiempo, pero sí considera factible poder llegar a un acuerdo con ellos que implique el final de la piratería sin estar sometidos necesariamente ni a ingleses ni a españoles, un pacto en el que todos tengan algo que ganar. Como vemos, Flint tiene una visión, que es el punto de partida en la travesía de cualquier líder, y desde el principio de la serie identificamos a Flint no sólo como el líder absoluto de su tripulación, sino también como alguien capaz de guiar a los habitantes de New Providence hacia un futuro mucho más prometedor del que en ese momento se presenta ante ellos. También ha identificado los recursos necesarios para alcanzar su visión y la manera de conseguirlos. Pero es en el último paso en el que falla, porque Flint carece de un plan para, una vez conseguidas las herramientas, recorrer el camino que les lleve a alcanzar su objetivo final. El plan puede estar minuciosamente detallado -caso en el que habrá que tener la flexibilidad suficiente como para no dejarse atrapar por las consecuencias de tener un “plan de hierro” y asumir que puede haber cuestiones que varíen con respecto al plan a la hora de llevarlas a cabo- o ser una mera sucesión de las etapas a cubrir para alcanzar la visión inicial. Sea como sea, hace falta un itinerario y Flint no lo tiene: se encuentra en medio de la selva con un machete perfectamente afilado y víveres para un mes, pero sin tener ni idea de por dónde debe ir para llegar a su destino. Aun así, éste no es, bajo mi punto de vista, el error más grave que comete el capitán pirata.

Es en el segundo aspecto estratégico en el que Flint patina de tal manera que pone en peligro un proyecto que ya corría cierto riesgo por la ausencia de un plan, pero cuyo éxito hubiera estado igualmente amenazado si ese plan hubiera existido y se hubiese cometido el error del que vamos a hablar a continuación. Este segundo aspecto estratégico es el hecho de motivar e inspirar a tu equipo y todas las partes interesadas en la consecución de esa visión. Hacerles partícipes del proyecto en toda su extensión. La serie empieza con el capitán Flint a punto de sufrir un motín por parte de su tripulación porque, a pesar de ser el barco que mejores y mayores botines había conseguido hasta la fecha en la isla de New Providence, llevan varios meses dando golpes en los que las ganancias son escasas y el comportamiento de su capitán, errático. Sólo su segundo de a bordo, el señor Gates, conoce el ambicioso propósito de Flint, que llega a matar a un miembro de su propia tripulación acusándole de traición para evitar verse en la coyuntura de perder la capitanía del Walrus, su barco. Y es entonces, al mantener la capitanía y, por tanto, salvar su visión de manera casi milagrosa, cuando entiende que ha llegado el momento de compartir sus ideas con su equipo y con el resto de implicados que tengan una participación importante en la consecución de ese objetivo. Aunque va a informar a otras personas de sus intenciones, no compartirá toda la información con todo el mundo, sino que seleccionará muy bien qué contar y a quién porque su círculo de confianza se reduce a una persona: el señor Gates. Hace esto porque no comparte el objetivo y siguientes pasos bajo la creencia de que es lo más adecuado para el éxito de la empresa, sino que lo comparte por su propio interés, lo que es otro error de bulto en el ejercicio del liderazgo. Esta gestión de la información le va a funcionar a corto plazo, por supuesto, pero a largo plazo acarreará catastróficas consecuencias para Flint. Y ahí es donde vuelve a equivocarse: un auténtico líder debe ser capaz de mirar más allá del corto e incluso el medio plazo, sus esfuerzos y comportamientos deben ir encaminados a lograr el objetivo final, sin darle más importancia de la necesaria a la coyuntura puntual de un momento concreto. El haber mantenido oculto su objetivo a quienes deben ser sus colaboradores redundará en problemas para Flint antes o después. A través de la improvisación constante logra apagar los fuegos que van surgiendo de manera imprevista en el día a día, pero no puede evitar que las chispas resultantes provoquen incendios más adelante. Si el único problema es que no hay plan, la solución es relativamente sencilla: se traza uno. Pero cuando los errores que cometemos implican a otros actores y, como vamos a ver en este ejemplo, provoca que se sientan engañados y traicionados, el problema radica en que estos sentimientos pueden provocar que algunos de los implicados boicoteen las actividades o, directamente, se amotinen en busca de un nuevo líder. Es una cuestión de pura inteligencia emocional, una característica clave para cualquier líder en la gestión de equipos. A cambio de todo esto debo decir que es formidable y digno de admiración cómo, a través del relato y de su manera de presentarlo, consigue que prácticamente todo el mundo se suba al carro de su visión (aún sin tener un plan definido) y hagan del objetivo de Flint su propio objetivo gracias a su manera de presentarlo, pero de esto hablaremos en otro post.

Un líder debe tener una visión totalmente nítida de lo que quiere conseguir y ser capaz de motivar e inspirar a otros en la persecución de esa visión. Debe saber involucrarlos y mantenerlos implicados durante todo el camino.

Hasta ahora hemos visto los dos errores que comete Flint: primero, la ausencia de un plan que le lleve a la consecución material de su visión y, segundo, una política totalmente equivocada en cuanto a la gestión de la información que provocará que quienes deberían ser sus colaboradores se conviertan prácticamente en sus enemigos. La suerte que tiene Flint es que su visión es tan potente, la información de que dispone tan detallada y las ganancias para todos de tamaño tan imponente, que nadie quiere precipitarse a la hora de apartarle del proyecto.

El ejemplo definitivo que nos confirma que Flint no está comportándose como un líder lo tenemos en la conversación que mantiene con Billy Bones en el bote con el que se dirigen de vuelta al Walrus después de visitar al señor Guthrie, en el capítulo 1 de la primera temporada. Aquí, Flint explica a Billy el peligro que se les viene encima, cómo el “mundo civilizado” los ha convertido a los piratas no en el enemigo, sino en monstruos a ojos de sus ciudadanos para poder exterminarlos sin que nadie tenga ningún tipo de remordimiento por esa masacre; más bien, favoreciendo que la población se sienta aliviada de haber acabado con la piratería. Para evitar esto, el capitán le dice a Billy que su única posibilidad de supervivencia es que todos los piratas se unan alrededor de un rey y que él, Flint, es el rey que necesitan para salir victoriosos. Es ahora cuando lo vemos claro, en este momento cuando damos cuenta de que Flint no es un líder, o que, si lo es, no se está comportando como tal. Más bien se comporta como un mesías: pretende que la gente le siga simplemente por lo potente de su visión y su carisma personal y, a decir verdad, a punto está de conseguirlo. Si no lo logra es, principalmente, porque es el único que conoce de verdad los peligros que se les vienen encima -el porqué de esto lo averiguaremos en la temporada 2 y no quiero destripar mucho más-; si el resto de participantes hubieran conocido esos peligros de primera mano, como él, sus probabilidades de éxito, aun con los errores que hemos comentado, hubieran sido exponencialmente mayores. Cuando se conoce de primera mano, de forma tangible, el peligro del que se está intentando escapar, es mucho más fácil pasar por alto faltas como las que comete Flint. Sin embargo, Flint tendrá muy difícil convencer a sus interlocutores de la magnitud de la amenaza, por grande que ésta sea, si el único que la conoce de primera mano es él y su equipo ya no confía en su palabra. Cuando alguien en posiciones de liderazgo no ha sido honesto y transparente en la gestión de la información y, además, carece de un plan para alcanzar el objetivo común, será muy difícil que consiga motivar a un equipo que se sentirá, a partes iguales, traicionado y temeroso ante el incierto panorama que se les presenta.

Un mesías no sólo tendrá una visión clara de su objetivo, sino que se dejará cegar por la misma, obviando los probables problemas u obstáculos y desconfiando de todo aquél que no sepa apreciar su visión con la misma claridad.

Por eso, aunque logra avanzar en las primeras etapas de su viaje, va a acabar trastabillando en el largo plazo: antes siquiera de avistar el Urca de Lima, su tripulación se amotinará contra él para, una vez atrapado el botín, juzgarlo y condenarlo por su comportamiento. Es considerado un traidor por su propia tripulación. Un líder hubiera sido capaz de prever los diferentes escenarios que podrían darse a partir de diferentes circunstancias y de anticipar las consecuencias que tendría el preocuparse de resolver sólo problemas a corto plazo. Cuando no hemos dedicado tiempo a la planificación y análisis de los diferentes escenarios potenciales, irán apareciendo problemas en el día a día que requieran de una solución inminente. Esto nos impide dedicar tiempo y energía a la planificación del medio y largo plazo, estamos atrapados en lo que a mí me gusta llamar “la vorágine del presente”: no puedes ver más allá de los próximos cinco minutos porque, de no resolver de manera urgente los problemas inmediatos, el proyecto tendrá que ser cancelado. Por pequeño que sea el problema, su resolución será de tal importancia que nuestros esfuerzos no podrán dedicarse a otra cosa, todo se convierte en una cuestión de vida o muerte, con lo que las posibilidades de planificación (y, por tanto, de anticipación de potenciales situaciones adversas) tienden a cero. La capacidad de improvisación es fundamental en cualquier aspecto de la vida, siempre será útil tener la flexibilidad suficiente como para desviarse del camino en caso necesario; pero será más fácil y eficiente improvisar sobre un plan establecido porque así siempre podremos volver al camino original una vez terminado el desvío.

Un mesías como el Flint de esta primera temporada no es capaz de dimensionar los problemas que surgen ni de anticipar situaciones adversas; su visión está tan idealizada en su mente, es tan brillante a sus ojos, que le ciega ante todo lo demás. Cuanto más se acercan al objetivo, más relativiza los problemas que aparecen debido a la ansiedad por alcanzarlo, lo que pone en peligro toda la operación -característica clásica de un mesías: es tan reluciente mi objetivo, que no hay problema lo suficientemente grande que pueda amenazarlo de manera seria; dos ideas que, obviamente, no tienen nada que ver: por brillantes o potente que pueda ser tu objetivo, si la planificación no ha sido la adecuada y/o los medios para alcanzarla no están bien dimensionados, las posibilidades de éxito se reducirán drásticamente-. Para él es todo tan evidente que no es capaz de ver otra cosa y asume que, teniendo los recursos para conseguir su objetivo -el tesoro del Urca de Lima-, no es necesario plan de ningún tipo. Aparece todo tan nítido ante él que no entiende como el resto no puede verlo igual de claro. Y ahí es donde se desdibuja el líder y aparece el mesías: en la desconfianza y la arrogancia. La desconfianza en todo aquél que le rodea -de ahí que elija dar una información sesgada a prácticamente todos- y la arrogancia de considerarse tan por encima de los demás que asume que nadie le entiende porque son todos cortos de miras, porque no son capaces de ver más allá de sus narices. Les falta capacidad, son buenos peones, pero nada más, no son capaces de ver algo tan sencillo de entender; por eso me necesitan como su rey, pensará para sus adentros. Ésa es la razón por la cual no revela su visión completa a nadie, el motivo que le lleva a compartir con el resto de implicados sólo las partes de su visión que a él le interesa compartir, pero no la imagen completa (esto también lo veremos en detalle en el post que hemos comentado anteriormente).

En definitiva, es muy delgada y bastante borrosa la línea que separa al líder del mesías. Muchas características personales se pueden señalar de cada una de estas figuras; algunas coincidirán en ambas personalidades, otras serán completamente opuestas. Pero lo que no falla nunca es el hecho de que un líder tiene que desarrollar los dos aspectos estratégicos que hemos detallado hoy: por un lado, tener una visión nítida y cristalina de lo que quiere lograr que, además, debe ir acompañada de los medios necesarios para alcanzarla y de un plan, ya sea un proyecto pormenorizado hasta el más mínimo detalle o una lista general de las diferentes etapas por las que deberán pasar; y, por otro lado, tiene que ser capaz de motivar e inspirar a todos los actores implicados en su visión, hacerles partícipes del objetivo compartiendo con ellos todo aquello que el líder es capaz de ver, cuáles serán los medios para conseguirlo y cuál el plan que les llevará a convertir esa visión en una realidad palpable.

Os animo a que veáis la serie, si es que aún no lo habéis hecho. Las ideas que desarrollo en este post, además de otras muchas cosas, suceden solamente durante la primera temporada y os puedo asegurar que se pone cada vez más interesante. Por supuesto, encontraréis otros artículos sobre Black Sails en La Tortuga Pirata. Estaré encantado de leer vuestros comentarios.

Raise the Black.

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